CristianismoFragmento del curso dado en Octubre 2010 por Enrique Eskenazi “El cristianismo como fenómeno psicológico”. (Transcripción Lluís Gisbert)

La conferencia aborda el tema de la influencia del monoteísmo cristiano en la psicología occidental recorriendo la mirada de Freud, Jung y Hillman. A través de ello nos obliga a reflexionar sobre nuestra manera de abordar los síntomas, la enfermedad. El síntoma como aquello que nos “invita” a ser transformados en nuestra manera de ser en el mundo en contraste con el habitual enfoque heroico que busca erradicar el síntoma y mantener a salvo al ego, ya que el ego es esencialmente la personificación del mismo mito heroico.

Jung: “somos muchos, pero el ego cree que es el único y quiere imponer a la totalidad de la psique su visión monoteísta” de ahí su famosa frase: “hoy en día los dioses se han vuelto síntomas”. Hillman en su psicología arquetipal propone un retorno al politeísmo psicológico a fin de poder convivir con la diversidad de subpersonalidades (puntos de vista, anhelos, aspiraciones, deseos) que habitan psicológicamente en cada uno de nosotros. Como todo estudioso de la astrología sabe, nada más afín a la visión astrológica de la psique.

Fragmento de la conferencia de Enrique Eskenazi:

Hay una convicción presente en Jung, y es que es no se cura la enfermedad, sino que lo que llamamos enfermedad nos cura a nosotros. El síntoma no viene para que yo lo cure, el síntoma viene a sacarme a mi de en medio y no sean literales, eso no quiere decir llevarme a mi a la tumba; quiere decir, hacer que el yo tenga que cambiar.

Por lo tanto el síntoma no es el enemigo, sino que es un ángel o un demonio. Esa dualidad es cristiana. Para los antiguos no había ni ángeles ni demonios como opuestos, había daimones, que los cristianos se encargaron de traducir como demonios y no como genios. En un síntoma hay un daimon, ¿quien habla en un síntoma? No hablas tu, ya lo dijo Freud “para el ego nada le es más ajeno que el síntoma”. El síntoma es el no-yo, el síntoma por lo tanto viene a romper la estructura egoica.

El yo desconoce totalmente al síntoma: “yo ¿que tengo que ver con esto que me pasa!?”, sea lo que sea eso que te pasa. “Me pasa” o sea no es el yo, y es cierto que no es el yo, pero es el alma, el alma con sus daimones. Por lo tanto ¿quien soy yo para expulsar a un genio? Tendría que considerarme un dios, estar a la altura de un dios, y fíjense si la humildad es necesaria en el encuentro con el si mismo para creer que yo voy a decidir lo que los dioses tienen que hacer.

Por lo tanto el papel de un síntoma es humillante como lo sabe cualquiera que lo padezca. Es una humillación, es una vergüenza, es una manifestación de tu impotencia, es como diría A.Adler la manifestación de la inferioridad.

Para Jung es una oportunidad; para Jung una persona que reconoce su neurosis, es alguien que está escogido, convocado por los dioses, es alguien a quien los dioses no le dejan permanecer en esa vida que llevaba y le mandan un síntoma que es la oportunidad. Entonces decir “quiero sacarme el síntoma para seguir siendo como era antes” es una rebelión contra los dioses. El síntoma no ha venido para que tu lo saques, el síntoma a venido a transformarte a ti y por lo tanto cambia completamente; yo no soy el sujeto de las transformaciones, sino que soy el objeto a ser transformado, yo no soy el que decide que hacer, sino el que está sometido a un terrible proceso sin elección.

Fíjense como la psicología de Jung puede realmente llevar al ego a la condición que le corresponde, o sea penosa. Ya lo dijo Freud: “no somos dueños de la casa en que vivimos” y Jung más claramente; “el espacio de la psique está poblado de complejos, de personas, personas interiores”, no eres el dueño; ese que se llama yo es solo uno de los muchísimos complejos que hay.

Si yo me doy cuenta que en mi hay más que yo, entonces a “bajar la cabeza”, se acabó, ya no soy el monarca, tengo que vivir en un reino habitado por otros. Lo único que puedo hacer es desconocerlo y entonces los otros aparecen como compulsión y entonces me digo “no se como yo pude hacer eso”; claro si no era yo!

Me apropio de cualidades que no solo no son mías, sino ante las cuales soy impotente: una derrota no reconocida. Lo conocemos porqué todos vivimos en esa especie de ficción, “yo se que tengo un síntoma”; que horrible es decir eso, primero porqué es reconocer que tienes algo que te tiene a ti, pero con el verbo hacer como que TU lo tienes cuando la experiencia real es que estás vencido por ello. El ego salva las apariencias diciendo “yo tengo”.

Jung habla del caso concreto por ejemplo de un hombre hipocondríaco que vive el horror, o sea el sudor y la desesperación de saber, es decir, de tener la plena convicción de tener un cáncer, y va a consulta de médico tras médico pero los médicos decretan que no tiene cáncer, pero el hombre está seguro de tenerlo, con lo cual no come, ni duerme, ya no puede trabajar, está reducido a vivir como una vieja quejica y para colmo de humillaciones el hombre tiene que decir “ya se que padezco una enfermedad que no es una enfermedad” que humillante.

Por eso dice Jung “servir a un dios es mucho más digno que ser esclavo de una manía”. Si ese hombre se diera cuenta que es un dios que está ahí y le sirviera, para ello tendría que ser mucho más humilde, pero se ahorraría esa humillación, la de ser esclavo de una manía, de una obsesión. “ya se que no tengo nada, pero no puedo hacer nada”, horrible!

Pero que pasaría si dijera “a llegado un dios” y volviendo a los antiguos “¿qué quiere de mi este dios?”. Pero esto no lo solemos hacer, uno sigue en sus trece queriendo vivir como lo viene haciendo, pero no puede y encima se ve diciendo “yo tengo algo que me he inventado”; ¿lo tienes tu o te tiene a ti?, esto son frases de Jung no mías: el síntoma te tiene a ti, tu no lo tienes.

 

Pero el sujeto occidental, tan terriblemente monoteísta, no cree más que en un solo dios y se cree hecho a imagen de ese único dios y por lo tanto se cree un único sujeto: “todo lo demás me es ajeno y tengo que combatir con ello”. Estas son las consecuencias para Jung de la interpretación literal del cristianismo, por eso se interesó tanto en el gnosticismo y en la alquimia. La alquimia decía: el alma está atrapada en la materia y habita en todas partes, no es tu alma, es el Alma del Mundo. Pero claro, esta doctrina no es aceptable para la Iglesia.

Así vamos a entroncar con Hillman, porqué Hillman, que va más allá de Jung, aunque recogiendo una interpretación de Jung, parte de esta idea: la psicología, incluida la junguiana ortodoxa, ha padecido de un monoteísmo inconsciente y eso significa para Hillman que en la cultura occidental es predominante (y no solo en la psicología) la convicción de que hay solo un punto de vista que es el verdadero y todo lo demás está equivocado, cree que solo hay una forma de consciencia, una verdad y un camino desde el cual todos lo demás son excluidos como errores.

Lo que propone Hillman por lo tanto para darle realidad al alma es un retorno al politeísmo. No literal, el no quiere religiones, el quiere servir al alma; un retorno a una visión que admita la diversidad, que admita no un centro y todo periferia, sino que cada punto diverso es en sí un centro y que por lo tanto, lo que vale desde aquí pues no vale desde allí, lo que vale desde allí no vale desde aquí.

Esto implicaría la posibilidad de convivir con la diversidad, porqué de hecho la diversidad existe psicológicamente en cada uno de nosotros. Como dijo Jung; somos muchos, pero el ego cree que es el único y por lo tanto quiere imponer a la totalidad de la psique su visión monoteísta.

Por lo tanto el ego impone la visión monoteista y considera que todo lo que ocurre psiquicamente si no está bajo su control o de acuerdo consigo, es errado, equivocado y tiene que ser combatido.

Por lo tanto se encuentra, como buen mito heroico, fabricando permanentemente dragones, el héroe no puede vivir sin dragones y naturalmente que los encuentra, porqué en la misma estructura heroica ya está convocado el dragón. Pero lo que el héroe no observa nunca es que no solo tiene que avanzar sino que hay el pánico a no avanzar.

Así, detrás de la visión monoteísta lo que hay es un pánico y pánico viene de Pan que era uno de los dioses excluidos por el cristianismo y transformado en el arquetípico demonio. Pan el dios en forma de cabra, de ahí aparece el macho cabrío de los cristianos; los cristianos quisieron matar a Pan y lo transformaron en el diablo.La famosa frase del comienzo del cristianismo “cunde por toda la naturaleza el grito terrible de “Pan ha muerto”; lo mataron los cristianos.

Los cristianos se encargaron de eliminar todo resto de divinidad que hubiera en la naturaleza y el paganismo, para aceptar a un solo dios sobre-natural; la naturaleza por lo tanto desacralizada. No se accede a esto sin pagar un precio, y para Jung y Hillman el precio de esto es el monoteismo de la conciencia . Por lo tanto no hay espacio para el alma, solo hay espacio para el ego, el alma solo puede entrar (y aquí sigue a Freud) en forma de síntoma.

Por eso Hillman dice que “el alma regresa a occidente a través de los síntomas, a través de esas mujeres histéricas del final del S.XIX que dieron ocasión a la experiencia con la hipnosis y a las teorías de Charclotte y Freud y son las portadoras del alma otra vez. Gracias a ellas y a sus síntomas terribles se vuelve a dar realidad a un alma que no sea el ego.

Por lo tanto ¿que oportunidad tiene el alma en un mundo sin alma? A entrar como síntoma y por ello estamos condenados a los síntomas, porqué los síntomas son el recordatorio de los dioses destruidos por el monoteísmo.

Fíjense que es muy parecido a Jung cuando dijo “hoy en día los dioses se han vuelto enfermedades”. Los dioses están, hay muchos y precisamente el hecho de que vivamos bajo la obsesión de solo uno nos hace adoptar una actitud combativa a estos, ya no entendidos como dioses, sino como problemas a erradicar. Pero claro, eso equivale a querer erradicar el alma.

Servir al alma que ha de ser la vocación básica de la psicología, implicará por lo tanto aprender a considerar una multiplicidad de enfoques, de aspiraciones y demandas distintas.

Dice Hillman “los antiguos tenían un panteón con muchos dioses, cada dios tenía su ámbito, que no era el del otro, pero entre ellos convivían. Jamás Afrodita pretendió eliminar a Ares, ni jamás Marte pretendió eliminar a Mercurio. Eran muchos dioses, cada uno con su ámbito pero formaban una ronda donde existía la diversidad, y así es la psique.

Muchos dioses, el imperio de uno solo implica la rebelión de los otros. Hillman no entiende a los dioses literalmente, sino que detrás del síntoma habita una presencia que el ego descarta por un acto de voluntad y por lo tanto imaginalmente o psicológicamente podemos hablar de dioses, no literalmente, sino que son realidades del alma, que es la única realidad que un psicólogo considera por cierto.

El alma se caracteriza por su distorsión; de hecho llamarlo distorsión es ya estar en el punto de vista que considera que lo natural es lo correcto y lo demás está distorsionado. En realidad, lo que llamamos natural es un distorsión más. La falacia naturalista es siempre medir los procesos del alma con parámetros naturales, cuando el alma se caracteriza justamente por ser lo más antinatural, como decían los alquimistas, la obra de la alquimia es un opus contra naturam. En el alma siempre hay deformidad, en los sueños las figuras no son naturales porqué son figuras del alma y el intento de ajustarlas a una determinada naturaleza es el intento de forzar lo anímico a que encaje en un parámetro extra-psicológico.

Por lo tanto, un caballo de tres patas es como tiene que ser. Recuerden la frase de Jung “no dejes entrar nada exterior al alma, la imagen de la fantasía tiene todo lo que necesita”. Un caballo de tres patas en un sueño tiene todo lo que necesita, no necesita una cuarta pata, es así la imagen, eres tu el que tiene que hacer el trabajo de liberarse de todo lo que no le permite acoger lo que es así.

Es difícil, constantemente pensamos que está mal y ahí es donde vemos como el monoteísmo considera que hay una visión y todas las demás deben ajustarse a esa manera, es decir “donde hubo masturbación tiene que haber coito”.

Esta es la idea de que hay algo que es lo correcto y todo lo demás solo en la medida en que conduzca a lo correcto. De hecho la perversión aparece como un desvío, pero la característica de la mirada del alma es que se desvía de toda norma, el alma es a-normal en el sentido de que una norma en griego es una escuadra; la escuadra con la que medía el carpintero, y hay tantas normas como dioses (puntos de vista).

¿Que es la normalidad? Es una fantasía, no es más que una fantasía que ha producido mucho sufrimiento, porqué todo lo que está excluido de esa fantasía ha sido perseguido, reprimido ha sido castigado, ha sido forzado a tener que encajar en los límites de una fantasía entre muchas pero que negaba que era una fantasía. Así como hay una fantasía de la normalidad, que es terrible como ha regido nuestra cultura, hay una fantasía de la locura. Eso que tememos colectivamente que llamamos locura es una fantasía, hay tantas locuras como dioses, de hecho solo hay locuras para una idea de normalidad. Dicho de otra manera, la normalidad es otra locura, una locura más entre las muchas.

El alma siempre aparece en formas patológicas. Pathos quiere decir padecimiento y el alma habla en el padecimiento; donde hay patología hay alma y donde hay alma hay patología. Cuidado, no quiere decir que la patología sea normal.

Hillman jamás caerá en el error de decir que no hay patologías, sino al contrario, hay patología, la patología es todo lo que burla, distorsiona la normalidad y genera sufrimiento, el padecer es característico del alma, es el yo el que no quiere sufrir, pero el alma se expresa en los sufrimientos, como decía Freud “la servidumbre del yo”.

Por lo tanto la visión psicológica es una visión que no intenta eludir la patología, ni eliminarla, sino restituirla a su dimensión imaginal. Como decía Jung “donde hay una pathos hay un dios”, luego, esta mirada que quiere eliminar la patología, no le da espacio para que la patología se exprese.

Hay que salvar a la enfermedad, no hacerla desaparecer sino tolerar su identidad psíquica y reconocer su logos. ¿que viene a decirte a través del sufrimiento el alma?

Una cosa es soportar un sufrimiento, lo cual quiere decir literalizarlo y otra cosa es buscar el logos, el discurso o dicho de otra manera el sentido del sufrimiento. Ahí que cuando una persona dice “soporto el sufrimiento” todavía vive el sufrimiento como una carga, pero nunca como un interlocutor.

El trabajo en patología es extraordinario porqué se carga todas las ideas sobre salud, sobre curación y evidentemente lo que quiere un psicólogo no es curar en el sentido clínico de la palabra sino hacerse cargo de… terapia originalmente quiere decir cuidar.

Hillman como psicólogo se reconoce como al servicio del alma, cuidar el alma, que es cuidar el sufrimiento. Intentar por lo tanto quitarlo no es cuidarlo. Si yo estoy intentando quitar del medio lo que tu me dices, no te estoy prestando atención evidentemente, sino que te estoy quitando del medio. ¿que sería dialogar contigo? Oírte, no tomarte solo como un cuerpo, sino decir “me está diciendo algo ¿que dice?” Poner el oído. Pero en este caso no se trata del oído literal, sino del oído imaginal ¿Que imágenes aparecen en el sufrimiento?El pathos siempre está desencadenado por imágenes, imágenes patologizadas.

Hillman trata de mostrar como en la cultura occidental el pathos es fundamental. Las imágenes mismas del cristianismo son imagenes patologizadas “corazones abiertos sangrantes, coronas de espinas con chorros de sangre, un hombre clavado en un cruz, etc” son todas imágenes patológicas; y ¿luego los cristianos quieren ser normales? (Risas)

Viven el mito de una vida correcta, sin pathos, cuando el símbolo básico de esa cultura es un símbolo patológico que habla a través del proceso del padecimiento. “Nació de una Virgen” ¿no es patológico eso!? Pero vienen nuestros psicólogos modernos y dicen “no, pero eso no hay que tomárselo en serio”. Por lo tanto el mito no es valido porqué no es natural, pero si es válido y es antinatural; justamente porqué es antinatural tiene una validez evidentemente no literal, no le habla a los sentidos sino que le habla al corazón.

Significaría tener que hacer una terapia de las ideas, así, a veces lo que llamamos enfermedad la vemos en una persona porqué la vemos a través de una idea de normalidad o de enfermedad y las ideas pueden estar enfermas. Luego, tal vez no haya que curar el síntoma sino aquella idea de que no deben haber síntomas. Una terapia de las ideas es una terapia cultural.

Las ideas de “el hombre es así, la mujer es asá” son ideas pero no se ven como ideas, se ven como normas. Ver que fantasía hay en esas ideas es hacer psicología, ver a través del inconsciente en lugar de ver el inconsciente, ver a través de la represión, no ver la represión. Devolver toda afirmación de su convicción de que enuncia un hecho objetivo a su condición de ser un modo a través del cual se ve.

Por lo tanto para Hillman el síntoma es una mirada. No solo padecemos el síntoma, sino que vemos a través de un síntoma. El síntoma no es una cosa más sino es una mirada que rebela un mundo.