Reflexiones sobre la presentación de la publicación del Libro Rojo de Jung  por parte de la Fundación C.G.Jung de España.

Supongo que los que fuisteis a la presentación del Libro Rojo salisteis
prendados de la personalidad y la obra de Jung. Espero que nos estimule el
interés en profundizar en su obra, en profundizar en nosotros mismos, en
aprender a discriminar entre espiritualidad new-age (supermercado
espiritual) y la verdadera tarea, reto, aventura, coraje, valentía, trabajo,
rigor que requiere confrontar la realidad del alma.
Sin la obra de C.G.Jung no existiría este curso de astrología, ni hubiera
nunca estudiado astrología. Sin él la astrología seguiría estando al
servicio del ego, del Yo y por lo tanto seguiría siendo una astrología
meramente predictiva (fue Jung quién acuñó el término de sincronicidad) y
literal (buenos-malos aspectos planetarios, cartas benéficas o maléficas, etc). Y la pregunta es ¿bueno-malo para quién?

Tampoco existiría existiría la obra de Dane Rudhyar, Liz Greene, Robert hand, Richard Idemon,
Howard sasportas, Bill Tirney, E.Carutti, Stephen Arroyo, A.Ruperti, etc ni
la de James Hillman para poner tan solo unos ejemplos.

Jung abrió una puerta a una astrología al servicio del alma (a atender a las
imágenes anímicas, a adentrarnos en su lenguaje: el símbolo), una astrología
que habla al inconsciente no al ego, una astrología al servicio del proceso
de individuación (llegar a ser plena y conscientemente lo que ya nos es
dado, lo que ya somos inconscientemente desde el nacimiento). Una astrología
que en lugar de buscar sacar “provecho” a los planetas (dioses), nos coloca
en la humilde posición de ponernos al servicio de ellos, ya que quién es
susceptible de ser transformado somos nosotros, no los planetas (arquetipos
eternos, inmortales, factores que configuran los principios esenciales del alma del mundo dentro de la cual el alma humana está contenida).

¿Qué sería de la obra de Jung si hubiese sido medicado psiquiátricamente
para ser “curado” de su sufrimiento? ¿Qué sería de la obra de Beethoven si
quisiéramos curarle de su sordera? ¿Qué sería de la obra de Van Gogh sin una
infancia tormentosa? ¿De Dalí si quisiéramos “curarle” de una sexualidad
“desviada”?, etc, etc, etc.
Cuando comprendemos que eso de lo que queremos ser “curados”, que eso que
queremos “trascender”, “mejorar”, que eso a lo cual llamamos nuestra
“inadaptación, patología, síntoma, etc” es precisamente lo que nos invita a
curarnos de nuestro ego (ese si ha de ser curado y transformado) entonces comprendemos que el síntoma, el sufrimiento y la inadaptación, es la materia prima que contiene el oro alquímico, (el Sí mismo, el Grial).

Es entonces cuando nos “curamos” de de ese en nosotros que quiere curarse del síntoma y se
inicia el proceso de ser nosotros los “cambiados”, los transformados. Dicho de
otro modo: tiene que morir el que en ti esta vivo (luna) para que nazca el
que en ti está muerto (sol)!… es entonces cuando la luna se pone al
servicio del sol, el yo al servicio del propósito creativo vital y se armoniza con nuestra naturaleza esencial. Esto es un proceso, no una meta. Cuando pensamos
que es una meta es cuando podemos sospechar que es el ego el que aun se
resiste a dejar de llevar el control.