Introducción

“Me explicaba su impresión de los blancos,
siempre tan agitados, siempre buscando algo,
aspirando a algo … Según Ochwián Biano,
los blancos estaban locos, pues afirmaban
pensar con la cabeza, y sólo los locos lo hacen
así. Esta afirmación del jefe indio me produjo
gran sorpresa y le pregunté que con qué
pensaba él. Me respondió que con el corazón.”
C. G. JUNG

“La asunción de que el Arte, la Ciencia y la Magia no pueden existir en el mismo espacio es un remanente obsoleto de las categorías filosóficas aristotélicas.”
C. Castaneda

Inicio este ensayo haciendo mía una crítica dirigida por Husserl hacia la Filosofía, por lo que me permito cambiar, literalmente, el objeto de su crítica.
“Puede, desde luego, parecer arrogante que me atreva a hacer un grave reproche a la Astrología, aún a la que ha obtenido resultados genuinos, puede parecer arrogante, pero aquí no sirve disimular y tratándose de un gran problema debo afrontar tal posibilidad. Mi obligación es exponer los problemas, el fruto de mi labor con ellos, y refutar con razones lo que se opone al avance en la comprensión y mejora de la Astrología.
Que este trabajo sea, según deseo de Nietzsche, sobre todo un diálogo, una provocación, un llamamiento, una evocación…

El enunciado de la grave situación que la Astrología arrastra implica tanto a los conversos, ese conjunto de practicantes convencidos de su validez y eficacia pragmática, como a los indecisos aquellos que sin animadversión pero sin adhesión alguna pueden interrogarse como el astrólogo interpreta el hecho astrológico, en base a que método cognitivo extrae el conocimiento que luego aplica en la consulta y en su vida.

Adoptando el punto de vista fenomenológico, podemos establecer que el problema fundamental de la astrología, como actividad humana, no difiere del resto de actividades que tienen que ver con el conocimiento. La Astrología, como la Filosofía y como la Ciencia se basa en una serie de conocimientos. Mucho se arguye que el conocimiento astrológico es de naturaleza distinta al filosófico y al científico pero poco se argumenta para fundamentar tal distinción. Incluso muchos astrólogos la negarían, afirmando que no hay diferencia alguna entre los diversos tipos de conocimiento mencionados. Para unos la Astrología maneja el mismo tipo de conocimiento que la ciencia, aunque por su complejidad se resista a ser demostrada por los mismos métodos que han destacado a la ciencia entre otras formas de conocer: el método científico.
El problema fundamental, según el parecer de muchos, es que la Astrología carece de respetabilidad científica. Algunos colegas la quieren conquistar a toda costa, son los que imitan y/o importan sus teorías y métodos con el fin de aplicarlas a la Astrología y encontrar a través de ellas su legitimidad.

Otros, en cambio, están convencidos de que eso nunca será posible puesto que sus postulados la eximen de cualquier posibilidad de verificación experimental. Entre los últimos los hay que rechazan cualquier esfuerzo en tal sentido pues sienten que el saber astrológico contiene un riquísimo acervo y una larga tradición que ya demostró de sobras su validez.

Y, por último, los hay que opinan que aunque la Astrología no admita verificabilidad experimental, los astrólogos deben entregarse a cimentar una teoría del conocimiento astrológico y han de hacer un gran esfuerzo en vistas a revisar actitudes y métodos con el fin de aumentar significativamente el nivel de rigor y calidad del conocimiento y las prácticas astrológicas.

El astrólogo se ha de descubrir, como dijo Nietzsche del filósofo “en contradicción con su hoy” , así mi cruzada la libro contra las maneras de pensar y los sentimientos condicionados que prevalecen en lo colectivo y que, por lo mismo, también prevalecen en nuestra manera de pensar sobre nuestro ser y de sentir nuestro ser pues es mi convicción que el conocimiento astrológico no necesita, para ser efectivo, de teoría que lo revista de comunicabilidad en el ámbito de lo social, porque la fuente del conocimiento astrológico constituye un orden de la realidad que desafía cualquier intento de explicación meramente racional. No obstante admito que resulta necesaria la tarea de reelaborar un paradigma orgánicamente enlazado a la naturaleza simbólica de la Astrología. Paradigma, imago mundi, que enmarque adecuadamente nuestro pensar, nuestro hablar, nuestro sentir y sobretodo nuestra práctica, pero sobretodo soy consciente de que todo lo que hacemos, sentimos, percibimos y razonamos es el resultado de una particular cosmovisión o visión del mundo que sostenemos y que la Astrología como todo lo demás también depende de ella. Consciente pues que el problema no radica en la Astrología sino el la cosmovisión del que a ella se acerca, paso a exponer la mia, a hacer un resumen de lo que para mi son los cimientos últimos o primarios de mi vivencia de la Astrología como sistema simbólico.

Antes de continuar quiero aclarar que para mí, la visión simbólica o la mirada simbólica es una capacidad potencial que no se despierta leyendo sino despojándose de los propios prejuicios colectivos y purgando los complejos personales. Implica pues una paso adelante en la evolución del ser humano, anclado comunmente en el uso acrítico de la razón y/o el intelecto. Somos repetidores de sloganes y/o diccionarios ambulantes. Asi pues no se trata de poner la astrologia simbólica como una opción más al lado de la científica o racional sino que implica un paso más allá que ha de dar el sujeto que la utiliza.

Se parece a un despertar, la mirada literal se retira para dejar paso a la mirada simbólica, aquella que transforma la vida entera y la percepción de Universo. La realidad oficial y literal, la única contemplada por los físicos, los intelectuales, muchos astrólogos y en general casi toda nuestra civilización se revela como una mera descripción del mundo, un sueño por cierto bastante pobre y limitado.

La vision simbólica destaca una descripción alternativa, un sueño de horizontes mucho más vastos, en el que mi vida y el Universo entero se puebla de presencias, mensajes y retos. Es el equivalente de pasar de la mentalidad pueblerina aunque sea un pueblo de millones de habitantes a la mentalidad cosmopolita, (polita: habitante del cosmos).