Enrique,

estoy sin palabras y lo paradójico es que siento que hay en mi interior mucho a expresar.

Tu que siempre viajaste y estimulaste el vuelo de tantas almas adormecidas, que exploraste los rincones más recónditos de la conciencia con total valentía, pasión, libertad y anhelo de Verdad, ahora te encuentras en el Gran Viaje y a ciencia cierta lo emprendes con igual actitud.

Privilegiados son los escasos hombres, que como tu, pueden dejar la esfera terrenal habiendo dejado en ella la imborrable impronta de su gran obra, inscrita en el corazón de tantos seres.

En paz se pueden ir los que como tu, con su esfuerzo, dedicación, trabajo, pasión, entusiasmo y generosidad han desanestesiado e inspirado tantas conciencias (o quizás inconsciencias) que vivían encerradas en la regresiva fuerza de la inercia, apegadas al mundo de las sombras que tan bien describía tu amado Platón en la Caverna.

Solo puedo decirte que siento agradecimiento infinito hacia ti. Gracias por contagiarnos tu amor a la vida en sus múltiples expresiones. Gracias por tu refinada y culta sensibilidad y sobretodo por tu trabajado don de transmitirla.

Sobretodo nos has educado en la libertad y para la libertad y nos has ofrecido poder estar un poco más disponibles a la hora de apreciar la belleza inherente a la vida.

Hemos aprendido que aburrirse es el mayor de los pecados, ya que entre otras cosas, equivale a permanecer insensibles al Eros del pensamiento, al llamado de la filosofía, a la belleza del arte y al anhelo de profundidad que habita en el alma humana.

Evidentemente, gracias por haber sido un gran mentor, por tu incisiva, aguda, profunda y excelsa lucidez y personalmente hablando, por haber iluminado el camino de lo que ha sido y es hasta el momento mi vocación y pasión: la astrología.

Pero sobretodo te estoy infinitamente agradecido por haberme contagiado, aunque solo sea un poquito, de tu amor a la filosofía, a la literatura, a la psicología, a la poesía, a la música, al cine, ¡e incluso a la tecnología!… ¡Y casi me olvido de citar el placer de compartir contigo tu taurino amor a la naturaleza, a la playa de Sant Pol y Cadaqués y las noctámbulas y estimulantes sobremesas en innumerables locales de tu amado Barri Gòtic!

Desde que te conocí, un para mi apasionante e intenso otoño de 1998, mi vida se fue progresivamente enriqueciendo y lo más maravilloso es el sentimiento de que me faltan horas, días y noches, meses, años y vidas enteras para saborear y profundizar en las distintas esferas de la vida y el conocimiento que tu tanto has sabido cultivar, además de transmitir, ¡en tan solo 62 años!

Solo siento no haber sido capaz de abrir los ojos de mi corazón a tantos otros conocimientos que tu espíritu visionario albergaba. Pero por suerte aquí has dejado y queda tu obra y tu legado, que seguro seguirá inspirándonos a lo largo de nuestro devenir terrenal.

¡GRACIAS PROFESOR!

Luis