El diálogo entre homeopatía y alopatía es sin duda un diálogo de sordos. La alopatía se apoya en la demostración científica de postulados que puedan ser corroborados mediante métodos científicos de laboratorio. Todo lo que no pueda ser demostrado en un laboratorio no es científico aunque sea verdadero a la luz de la razón.

No pretendo apoyar ni a unos ni a otros, porque la verdad y la mentira están solo en las personas y en la forma de aplicar los métodos.

Todos sabemos que el amor y todos los sentimientos humanos, son la clave de nuestro estado anímico, del equilibrio mental y, a la larga, de la salud (demostrado científicamente). Sabemos que un niño criado sin verdadero afecto, crece con mayor tendencia a enfermedades físicas y psicológicas. Todos sufrimos por carencias afectivas en nuestra infancia y lo sentimos en el fondo de nuestro corazón, aunque no pueda ser detectado en un electrocardiograma. La limitación es la de la prueba con la que pretendemos medir esa cualidad anímica, pero eso no significa que no sea cierto lo que sentimos y sus efectos.

El amor no puede ser demostrado en un laboratorio, como tampoco se puede demostrar lo que es la salud. Si partimos de que lo esencial en el ser humano, no puede ser medido y analizado por la ciencia actual, esto no significa que eso no exista, sino que la ciencia es todavía demasiado limitada para demostrar muchas cosas. Lo que demuestre o no la ciencia, solo indica que es repetible y demostrable pero no significa que sea verdadero respecto al fin último. Demostrar científicamente que una sustancia química tiene tal efecto, no significa que sea saludable, porque la salud no es solamente reacciones bioquímicas. Que una sustancia elimine un síntoma de enfermedad no significa que nos devuelva la salud, y muchas veces es lo contrario lo cierto.

Si la enfermedad es ausencia de salud, como claramente entiende la lógica, y no podemos analizar lo que es la salud, ¿como podemos investigar nada acerca de la enfermedad?. La ciencia médica investiga mucho acerca de la enfermedad, pero ninguna de sus conclusiones son verdaderas en referencia a la salud. Pueden demostrar que tal sustancia mejora la función de una enzima que interviene en determinada reacción, que está alterada en tal enfermedad. Muy bien, pero no pueden demostrar que esa es la causa de la enfermedad, sino uno de sus efectos. El bienestar se refleja en ausencia de síntomas pero no es solamente la ausencia de los mismos. Dos personas pueden tener unos análisis de laboratorio perfectamente normales e iguales, pero una se siente muy mal y la otra bien, una es enferma y la otra sana. La enfermedad es también subjetiva.

Por mucho que analicemos y sepamos acerca de la enfermedad, eso no la cambiará un ápice como vemos en nuestras enfermas culturas medicalizadas. Me puedo pasar la vida estudiando la oscuridad y no por eso obtendré la luz.

El laboratorio es un lugar demasiado limitado para investigar al ser humano o cualquiera de sus sustitutos animales. Ni la mente ni el alma pueden demostrarse ni medirse, con lo cual es muy poco lo que pueden saber del ser humano, ya que en la mente y el alma es donde radican en esencia la enfermedad y la salud, como ya afirmaba Platón.

En medicina, la historia clínica y el acompañamiento del paciente son los mejores métodos de investigación, y los criterios subjetivos del enfermo y los trastornos funcionales de la enfermedad, constituyen la base sobre la que asientan todas nuestras enfermedades y deben ser adecuadamente tratados. Si la medicina no puede ni sabe tratar los estados funcionales y subjetivos de enfermedad, y solo anula síntomas mediante drogas, no esta haciendo una medicina científica aunque esas drogas estén permitidas por la ciencia.

Si unas medicinas inocuas y diluidas, junto con una práctica humana en la que se escucha al paciente, obtiene mejores resultados que una pretendida medicina científica (en la que no se conoce el porque de dichos trastornos funcionales, ni se tiene en cuenta el estado anímico y mental del paciente), son ellos los que tienen que investigar el porqué de su ineficacia, a pesar de su pretendido rigor científico. A lo mejor tendrían que reconocer que en los trastornos funcionales, el papel de la mente es mayor que el que se le reconoce, y que la química no cura realmente sus alteraciones, porque no alcanza a cambiar la mente y el ánimo de la persona.

Personalmente, no me importa que lo que me hace sentir bien, y lo que hace sentir bien a mis pacientes, pueda ser demostrado científicamente en un laboratorio, si la experiencia se repite ya está demostrada empíricamente. En palabras de un gran científico:

“Una teoría científica es un modelo matemático que describe y codifica las observaciones que realizamos. Una buena teoría describirá un amplio dominio de fenómenos a partir de unos pocos postulados sencillos, y efectuará predicciones definidas que podrán ser sometidas a pruebas. Si las predicciones concuerdan con las observaciones, la teoría sobrevive a la prueba, aunque nunca se pueda demostrar que sea correcta. Si las observaciones difieren de las predicciones, debemos descartar o modificar la teoría”.

Stephen Hawking

Dr. Antonio Anguren