La astrología como disciplina simbólica

La astrología es una disciplina simbólica, con lo cual es más afín al lenguaje poético y metafórico que al lenguaje científico yconceptual. Está hermanada a otros conocimientos gnósticos como la alquimia, la mitología (sobretodo greco-romana) y la cábala y por lo tanto a las disciplinas que atienden a la “leyes” de la imaginación humana, a los arquetipos universales expresados en las mitologías, las religiones o en la psicología arquetipal contemporánea que actualmente tiene como su más brillante exponente a James Hillman y su inicial precursor fue el Dr. Carl Gustaf Jung.

La astrología en toda su dimensión y profundidad nace en la antigua Babilonia. Por lo tanto, la gran premisa desde la cual podemos comprender el espíritu astrológico es desde el concepto, o mejor, desde la experiencia del Ánima Mundi, o sea de un mundo dotado de alma, de un mundo animado; donde las constelaciones, las estrellas y la tierra se experimentan como seres vivos que participan de la misma vida que el ser humano. Que participan no quiere decir que nos influyan, sino que habitan en nuestra interioridad, en nuestra alma, en la misma medida en que habitan en el alma del mundo.

Así, descubrir los símbolos y mitos astrológicos (del cosmos) equivale a redescubrir los símbolos y mitologías inherentes a nuestra naturaleza más esencial; donde conocimiento del cosmos y conocimiento de uno mismo van a la par.

Es así como en las distintas culturas donde una “mirada” astrológica del mundo ha sido el epicentro su conocimiento colectivo y fuente de su sabiduría, (Babilonia, la Grecia Clásica, la Italia del Renacimiento, la Europa del Romanticismo, la mayoría de culturas primitivas, etc) el cuidado y la atención al “cuerpo” de un ser llamado tierra, ha estado íntimamente ligada al cuidado y bienestar del “cuerpo” de un ser llamado humanidad, tanto a nivel individual como colectivo.

Como decía Marsilio Ficino (médico, filósofo y astrólogo del Renacimiento):

“El mundo vive y respira, y nosotros podemos interiorizar su espíritu”.

Lo que le hacemos al cuerpo del mundo también se lo hacemos al nuestro. No somos los dueños de este mundo: participamos de su vida.

¡Qué mejor momento que el actual para profundizar en el sentido y significado de esta frase de M.Ficino!… y porqué no en el de toda su obra.

Un universo animado por la ley de la sincronicidad

Así podemos entender que la astrología no habla de leyes de causa-efecto de los planetas sobre el ser humano; esto sería tan absurdo como decir que nosotros causamos cosas a los planetas. La astrología nos habla de un universo indiviso donde todo está interrelacionado; nos habla de un universo regido bajo la ley de sincronicidad tal y como la entendió C.G.Jung.

De ahí surge la segunda premisa tal y como la explicitó Heráclito: “tal como es arriba es abajo, tal y como es dentro es fuera, tal como es en el macrocosmos es en el microcosmos”.

La idea de ciclo es fundamental en astrología ya que esta disciplina contiene el conocimiento de que los ciclos en la tierra y por lo tanto en el devenir de los seres humanos, son en pequeño el reflejo de los ciclos celestes. A modo de ejemplo podemos observar que la alternancia entre día y noche corresponde a la rotación de la tierra sobre si misma, el ciclo de las estaciones corresponde a la rotación de la tierra alrededor del sol, etc. Al igual que hablamos de las cuatro fases del día (alba, medio día, ocaso y media noche), hablamos de las cuatro fases de la vida (infancia, juventud, madurez y vejez), y en el lenguaje popular todos sabemos a que etapa de la vida nos referimos cuando hablamos del ocaso de la vida o de la crisis de la mediana edad (medio día / equinocio otoñal). Pues bien la astrología principalmente es el estudio de los ciclos en el cielo como portadores de sabiduría en el significado de los ciclos en la tierra y en el devenir humano.

La astrología como reveladora de la voluntad del alma

Realmente es ya todo un milagro lo que llamamos la existencia, pero hay algo igualmente excepcional, y es que habita una entidad en cada ser humano que se da cuenta (es consciente) de esta existencia; en otras palabras, lo asombroso en el ser humano es que se nos posibilita un segundo milagro; la conciencia de ser. De ahí la gran pregunta; ¿Qué sentido tiene que sea consciente de mi existencia?

Los minerales, las plantas, los animales se limitan a ser (lo cual ya es mucho) y por lo tanto son fieles a su esencia; si un árbol llega a crecer 10 metros, no ha crecido ni más ni menos que lo que potencialmente estaba en su semilla, dicho de otra manera; no ha “especulado” con su vida.
Ante esta evidencia no nos podemos limitar a vivir, el propósito de nuestras vidas es dotarla de significado, ser buscadores del significado de nuestra existencia, de los hechos y acontecimientos de nuestra existencia “personal” con respecto a la existencia “universal”. Solo en el ser humano puede haber una contradicción entre lo que somos y lo que creemos que somos, y en el transcurso de nuestras vidas lo que llamamossíntomas (en el plano físico, psíquico, o en la relación con el entorno), son los encargados de posibilitarnos ver cual es nuestra auténtica esencia (y por lo tanto los límites de esta respecto a la “esencia universal”).
Los síntomas o las llamadas crisis nos limitan y restringen y ofrecen resistencia a la voluntad yoica para que esta sea una servidora de nuestra auténtica naturaleza.

Si lo expresamos metafóricamente, es como si un manzano influido por los valores culturales, sociales o familiares se estuviera imaginando que sus frutos son peras y no manzanas. Cuando del extremo de sus ramas descubre que sus frutos son manzanas se siente frustrado, furioso, deprimido y sobretodo limitado en su voluntad. Evidentemente de semejante tragedia se encuentra liberado el manzano, pero no el ser humano.
Este es el sino del ser humano respecto a los demás seres vivos que comparten la existencia en este ser llamado Tierra, a decir; actualizar el potencial de nuestra singularidad, conectar con nuestro propósito creativo, con nuestro padre celestial (o con nuestra otra mitad celeste) que habla a través del corazón diciéndonos “has nacido para esto!… dignifica tu condición humana orientando tu vida hacia su propósito último, ten el valor de empujar este proceso siendo conciente de él”.

“Es importante que te preguntes ¿cómo soy útil a los demás? ¿qué quiere la gente de mí? Eso podría muy bien revelar para qué estás aquí”. “Cuando tu hijo (o el dinero, la ambición de poder, la búsqueda del Príncipe Azul, etc) deviene la razón de tu vida, has abandonado la razón invisible por la que estás aquí”. J.Hillman

La astrología nos dice que en el firmamento bajo el cual naciste esta inscrita la imagen de la razón invisible por la que estás aquí, tu otra mitad celestial.

La astrología nos permite intuir el significado de lo que llamamos crisis o fatalidad, porqué orienta (el sol sale por oriente) los hechos de nuestra vida a un significado o propósito para el alma.

“El alma puede volverse nuevamente una realidad sólo cuando cada uno de nosotros tenga el coraje de tomarla como la primera realidad en nuestras propias vidas, de tomar partido por ella y no tan solo de “creer” en ella”. J.Hillman

Por todo ello ningún cliente de un astrólogo tiene porqué “creerse” lo que le pueda decir un astrólogo. El astrólogo pone en disposición del cliente una narración de imágenes de forma que puedan “re-sonar”, vibrar, con lo que uno en la profundidad de su ser sabe. Hay alguien en cada uno de nosotros que sabe mucho más de nosotros que nuestro ego. La astrología nos ofrece la posibilidad de ir trazando un puente entre nuestra pequeña voluntad y la gran Voluntad.

Al respecto de los sueños C.G.Jung dijo:

“En cada uno de nosotros duerme un extraño de rostro desconocido, que habla con nosotros por medio del sueño y nos hace saber cuán diferente es la visión que tiene de nosotros a aquella en la que nos complacemos”.

Diríamos que la astrología nos ofrece una llave para despertar a este sueño interior siempre que estemos dispuestos a “poner en remojo” esa visión de nosotros mismos en la que nos identificamos (la visión del ego).
Siglos antes de la aparición del pensamiento de C.G.Jung, Sócrates nos hablaba de su daimon, comentando que este nunca le “decía” lo que tenía que hacer, sino que le advertía de lo que no debía hacer… ¿quizás ser más sensibles a nuestro daimón y por lo tanto invitar a un descanso a nuestra mente racional, nos ahorraría más de una otitis?

Este es el sentido de lo que está grabado a la entrada del templo del Sol (de Apolo) en Delfos: “Conócete a ti mismo” . Y más adelante solo visible con quien había cumplido con la primera inscripción, podía leerse “.y conocerás a Dios”
Es Evidente que el ego ya cree que se conoce a sí mismo: “soy alto, peso 80 kilos, me conviene esto y no me conviene lo otro, nunca haría esto o lo otro, ante esta situación siempre obraría así”, etc”.
Esa inscripción no tiene ningún sentido respecto a conocernos yoicamente. ¿a que se referirá ese “conócete a ti mismo”? Hacia ese interrogante se orienta y orienta la astrología y por lo tanto a el se debe el astrólogo. La misión de la astrología no es predecir hechos, sino apuntar hacia los significados de esos hechos.
La astrología nos enfoca hacia despertar una posibilidad que es inherente al ser humano y que no tiene el manzano, esto es, no limitarnos a vivir los hechos de nuestra vida, (lo cual tampoco podemos evitar) sino a vivirlos como portadores de un significado.

¿Acudimos a la astrología en busca de beneficios y “comodidades” personales?, o ¿como modo de atender la realidad del alma?

La pregunta es ¿Quién en nosotros habla de beneficios? ¿No será uno que juzga según un sistema de valores, que separa la existencia entre hechos y circunstancias buenas o malas? La astrología no nos habla de un sistema de valores, no nos habla de cartas astrales buenas o malas; cada instante del tiempo tiene su cualidad y su unicidad y por lo tanto ¿quién somos nosotros para valorarlo como “bueno o malo”?.
De igual modo, tampoco nos habla de circunstancias que nos benefician y por lo tanto tampoco de otras que nos perjudican.
El ego es el que habla de beneficios, pero la astrología, como hemos visto, no le habla al ego. La herramienta del astrólogo es el símbolo y el ego no entiende de símbolos, entiende de lógica, razones, causas y efectos. Entonces ¿Quién en nosotros entiende de símbolos? El alma, ya que es ella la que transforma los hechos de nuestra vida en experiencias. Cada uno de nosotros no nos vivimos como una cosa, como un hecho, como la literalidad de un cuerpo tangible, sino como sujetos que sentimos, que expresamos, que padecemos; como sujetos que experimentamos la existencia anímicamente (ánima-alma).

La astrología no pretende beneficios para el ego, de hecho sabemos que momentos en nuestra vida que hemos catalogado como buenos, una vez pasado el tiempo descubrimos que quizás no fueran tan buenos, y a la inversa, momentos en nuestra vida que el ego ha catalogado como perjudiciales (crisis), con el paso del tiempo y sobretodo con la “Gracia de Dios”, se nos han revelado como nutrientes para el alma.
La tarea de la astrología es orientar al ego hacia lo que son “beneficios” para el alma. Cada tema natal (popularmente carta astral) es como un mapa contenido en el interior de la semilla de un manzano único e irrepetible. El primer propósito de la astrología es liberar a la persona del estresante esfuerzo de querer dar peras como frutos al mundo, o del igualmente estresante esfuerzo de pensar que no tiene frutos a dar, que no tiene un propósito creativo para el cual vivir.

Lo primero y más valioso que nos ofrece la astrología es aprender a aceptarnos a nosotros mismos tal como singular y esencialmente somos (más allá de lo que creemos que se espera que seamos), y aprender a desapegarnos del concepto dictatorial y alienador de “normalidad”. El concepto de “normalidad” no es tan inocente como parece (podríamos preguntarnos; ¿quién dicta la norma?); más bien en la mayoría de los casos está al servicio de intereses de poder ajenos a nuestro ser esencial (tanto familiares, como sobretodo sociales y político-económicos). Aceptar la singularidad de nuestra existencia es condición sinequanum para vivir una vida portadora de significado; lo cual equivale a sentirnos pertenecer a un Cosmos vivo, que en la misma medida que habita en la llamada exterioridad, es a la vez el centro desde donde gravita nuestra interioridad.